Mi hija está cambiada, ya no comparte nada con la familia
¡Qué difícil a veces es continuar con las costumbres familiares! Aquel almuerzo en familia los fines de semana, o ir a comer afuera para experimentar las delicias de un restaurante en familia, o ir al cine y compartir aquella comida chatarra que fascina a toda la familia y se identifica con un momento placentero.
Constituir nuestra familia, llena de costumbres familiares que acompañan momentos placenteros, nos deja en el recuerdo bellos momentos y les brinda a nuestros hijos las bases de la unión de la familia, eternizando aquellas experiencias.
Cuando alguno de los miembros comienza su proceso de independencia, como ocurre con los adolescentes, las costumbres se vuelven a veces un poco más forzadas. El pre adolescente o el adolescente mismo, necesita de sus pares para constituirse como ser independiente, con su propia identidad. Comparte gustos con sus pares, que lo diferencian del seno familiar y lo impulsan a “querer” pasar menos tiempo en la casa y estar menos “pegados” a “mamá y papá”, como antes sucedía.
Es algo que sabemos cómo padres, nos duele a veces, no queremos que ellos crezcan para poder seguir disfrutando de aquellos hermosos momentos, pero también entendemos que es parte del proceso de crecimiento.
“Pero, hay algo que no puedo explicar y siento además de lo dicho, que algo está pasando”
Seguro pensarás a veces eso ¿no es así? y es claro que los temores del desapego que los adolescentes comienzan a tener nos causan temor. Queremos como padres continuar siendo su espacio de apoyo porque todavía los vemos muy vulnerables. Las relaciones que mantienen nuestros hijos con sus pares, con las drogas, con su cuerpo, con el sexo, se vuelven todas alertas que se encienden y causan muchos temores.
He observado que algo me esconde y la/o veo muy delgado ¿Cómo identificar si algo le ocurre?

En este proceso de identificación del adolescente, el cuerpo es un lugar en donde el adolescente enfoca muchas de sus preocupaciones. Pueden presentarse algunas “obsesiones” por verse lindos, a la moda o delgados que podría generar algunas consecuencias si se toman al extremo.
Los problemas alimenticios suelen presentarse en la adolescencia, etapa donde se percibe que se debe tener un cuerpo con ciertas dimensiones, que a veces no combinan con lo “saludable”. La imagen ante el espejo del adolescente a veces se ve distorsionado, no logran percibir su real situación corporal, sobre todo cuando intentan compararse con sus ídolos y con sus pares.
Esta distorsión puede suscitar algunas conductas para lograr llegar a aquellos modelos que se han impuesto. Dentro de las conductas se encuentra la de evitar comer y cuando ya físicamente no es posible, la ingesta compulsiva del alimento, con el consecuente vómito por la cantidad ingerida o por culpa. Un modo de compensar la ingesta excesiva.
La persona con el trastorno alimenticio denominado Anorexia, adquiere una conducta tan restrictiva con la comida que vuelve esta conducta peligrosa para la salud misma. Es una persona que según podemos ver y comprobar científicamente, se encuentran por debajo de su peso saludable, pero se perciben por encima de este. Se encuentran con esta imagen que les trae el espejo sumamente distorsionado, que invita al individuo a continuar con más y más restricciones. Además, y contribuyendo con las conductas dañinas para la salud, el adolescente suele someterse a ejercicio físico extremo, claramente tendiente a conseguir aquel peso que define como ideal.
Por su parte, la Bulimia, a veces puede identificarse como la puerta de entrada de la anorexia. En este trastorno el individuo ingiere lo que desea, pero mantiene una relación culposa y de remordimiento hacia el alimento. Este sentimiento genera la conducta que lastima duramente al adolescente, como es el provocarse el vómito para revertir la acción de haber ingerido aquello “que no debía”. El peso de la persona en este caso es normal, pero la tendencia también es a perder peso y a ejercitarse en exceso para esto.
A la bulimia también la caracteriza la compulsión. La compulsión para comer sin límite, de modo desesperado, luego de restringirse duramente es una característica habitual, una conducta que realizan a escondidas y de modo descontrolado que provoca luego el vómito. El cuerpo orgánicamente aquí expulsa aquello que se quiere ingerir, una reacción física al exceso de una conducta alimenticia fallida que adquiere el bulímico.
Cómo podemos interpretar, estos casos muestran una compleja y dañina relación con el alimento, que hace que el cuerpo comience a desnutrirse, a desprenderse de nutrientes vitales para la subsistencia.
¿Por qué podría ocurrir ello?
En el camino de la construcción de identidades, las problemáticas alimentarias muestran niveles muy bajos de amor propio. Esto lleva a conductas que fuerzan un accionar imposible como es el no comer o comer compulsivamente. Esto genera un fenómeno paradójico en el que el cuerpo fisiológicamente “pasa factura” por el daño. Cambios hormonales, metabólicos, cambios que tienden a arrancar el normal funcionamiento integral de un cuerpo, aquel funcionamiento necesario para la vida.
Es claro que no siempre nuestros adolescentes atraviesan estos extremos, pero la comunicación es vital para ayudar y alojar a nuestro hijo si se encuentra atravesando alguno de estos cuadros, y en el caso de necesitarlo, consultar con un profesional idóneo.